LAS REMESAS DE LOS EMIGRANTES:

EXPERIENCIAS DE LA CEPAL EN CENTROAMÉRICA

(UNA NOTA INFORMATIVA)

 

Comisión Económica para América Latina y el Caribe

Septiembre, 1999

 

Introducción

 

 

El tema de la migración internacional ha venido cobrando creciente importancia en Centroamérica en los últimos decenios. Después de haber sido una región de moderada atracción de inmigrantes extrarregionales -que, además, configuraba un espacio en donde los intercambios entre naciones fronterizas constituían un fenómeno habitual sometido al impulso de las actividades agroexportadoras y la industrialización sustitutiva-, la mayoría de los países que la integran se han convertido en importantes expulsores de mano de obra. Bajo este cambio de las tendencias migratorias subyace un conjunto de factores relacionados con el agotamiento del patrón de desarrollo -que se remitía esencialmente a una industrialización liviana, la existencia de economías de tipo enclave y la generación de empleo de escasa dinámica-, la persistencia de agudas desigualdades sociales y las convulsiones sociopolíticas experimentadas en el decenio de 1980. De este modo, las insuficiencias estructurales del proceso de desarrollo contribuyeron a una mayor visibilidad del fenómeno migratorio en toda la región. La migración al exterior representó una válvula de escape para un gran número de centroamericanos.

 

En el decenio de 1990, los ajustes y la liberalización de las economías, la preocupación por la equidad social, la estabilización sociopolítica y el establecimiento de iniciativas de diálogo y cooperación en materia de desarrollo y migración están constituyendo un nuevo escenario, cuyas consecuencias sobre las tendencias migratorias aún no logran advertirse en plenitud, pero parecen predecir una menor intensidad de la emigración y un retorno de numerosos contingentes de desplazados. Sin embargo, el panorama no es claro, puesto que las consecuencias de los recientes desastres naturales han generado una nota de incertidumbre sobre la evolución de las economías y el cambio social. Todo esto lleva a la necesidad de situar el tema de la migración internacional en Centroamérica como un asunto prioritario en la agenda de las relaciones externas, pues compromete no sólo a los gobiernos y sociedades civiles de la región sino también a los países destinatarios de las principales corrientes de emigrantes.

Cabe reconocer que Costa Rica y Panamá escapan a la descripción señalada: Costa Rica ha mantenido su condición de atracción migratoria intrarregional en virtud de sus especificidades sociopolíticas, en tanto que Panamá ha mostrado un relativo distanciamiento de los problemas que afectan a las demás naciones. El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua constituyen los países más vulnerables y comparten las características arriba indicadas, mostrando tendencias migratorias muy similares, entre las cuales destaca la orientación preferente de las corrientes hacia los Estados Unidos, donde los emigrantes se dirigen tanto en busca de mejores condiciones materiales de vida como de una respuesta a sus expectativas laborales. La atracción ejercida por este país es indudable y se ve reforzada por la información que brindan los medios de comunicación y, en especial, por la operación de las redes sociales.

 

Existe un creciente consenso en cuanto a que las múltiples dimensiones de la migración internacional no pueden ser analizadas sin prestar atención a sus interrelaciones con los procesos de desarrollo. Esta concepción ha sido puesta de relieve por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional para las Migraciones (O IM).1 Entre las diversas dimensiones involucradas, una expresión económica de la mayor importancia corresponde a las remesas de dinero que envían los emigrantes a las familias y comunidades que dejaron atrás en sus países de origen. El interés por esta dimensión se refleja en la ejecución de dos proyectos de investigación de la CEPAL2 -cuyos resultados se presentan resumidamente en esta nota- que ponen de manifiesto un conjunto de evidencias y permiten aproximarse a la importancia que revisten las remesas para las economías nacionales, en general, y para las familias de las comunidades de origen, en particular; también merecen atención las potencialidades que presenta el establecimiento de una institucionalidad para apoyar su eficiente utilización. En estos proyectos se distinguió, como punto de partida, la necesidad de identificar, a grandes rasgos, el ámbito personal y familiar en que tiene lugar la migración.

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1 Ambas instituciones presentaron el documento Migración y desarrollo en América del Norte y Centroanérica: una visión sintética (LC/DEM/L.0001-P, junio de 1999), en un seminario organizado por la Conferencia Regional de Migración. en la que participan los gobiernos de Mesoamérica y Norteamérica.

2  La ejecución de los proyectos estuvo a cargo de la Sede Subregional de la CEPAL en México y contó con el auspicio del gobierno de los Países Bajos.

 

1. Las remesas en Centroamérica: el ámbito personal y familiar

 

Desde hace varios años, las remesas representan una de las expresiones más llamativas de la migración internacional y Centroamérica constituye una región en la que poseen un especial protagonismo. Es habitual considerar que las remesas pueden representar una importante fuente de divisas para las economías pequeñas y, en particular, para el desarrollo de las zonas de origen de los migrantes. Entendidas como una forma de ahorro externo, ellas pueden constituir una fuente potencial de inversión, de sostenimiento para las personas de mayor edad y, evidentemente, de estimulo al consumo. Aunque en Centroamérica su importancia varía según países, los ingresos derivados de estas transferencias llegan a alcanzar una proporción significativa del producto interno bruto, dándoles un gran peso en las economías nacionales. A su vez, en general, se sostiene que las remesas configuran una "política social autocreada y automanejada", aunque también se ha llamado la atención sobre sus efectos distorsionadores sobre el desarrollo.

 

Es importante consignar que la generación de las remesas obedece a múltiples factores, entre los que debe destacarse el tipo de movilidad involucrada. Los que se desplazan en forma temporal tienen, en general, menos posibilidades de generar ahorros, pues deben invertir en los sucesivos traslados y, en muchos casos, afrontar los costos de su situación como indocumentados. En cambio, las remesas de los migrantes "permanentes" suelen ser de mayor monto, si bien pueden interrumpirse cuando el migrante se desvincula de su comunidad de origen.

 

Los emigrantes hacen grandes esfuerzos para migrar, tanto materiales –pues se requiere un capital mínimo para hacerlo- como personales, difíciles de ponderar suficientemente. Se trata de hacer frente a numerosas penurias, humillaciones, extorsiones, dificultades de adaptación en la sociedad y de inserción en los mercados laborales del país que los recibe; a menudo se ven obligados a enfrentar condiciones de trabajo que los nacionales rechazan. A los aspectos mencionados debe agregarse el riesgo de la desintegración familiar, pues en el proceso migratorio el actor directo -que da inicio a la estrategia que asumen los hogares- suele ser el jefe, por lo que algunos hogares quedan liderados por mujeres, las que se enfrentan a una doble carga y responsabilidad (crianza de los hijos y mantención del hogar); en los casos en que ambos cónyuges deciden emigrar conjuntamente, los más afectados resultan ser los hijos.

Las situaciones de dificultad pueden perdurar incluso entre las familias que logran reagruparse en los Estados Unidos. No obstante que ello sea consecuencia de una prosperidad material, esa inserción relativamente exitosa en el mercado laboral tiene una contrapartida dolorosa: mientras los padres suelen manifestar permanentemente su deseo de retornar a su comunidad de origen, los hijos -socializados en el ambiente cultural de la sociedad de destino- asumen valores y pautas de comportamiento diferentes a los de sus progenitores y no quieren regresar. De ello se infiere que los procesos de reagrupación familiar conllevan serios problemas. En estas circunstancias, la generación y envío de remesas puede verse afectada y es posiblemente que sólo sirvan para ayudar a los familiares de mayor edad que residen en los países de origen.

 

2. El trasfondo social

 

Las preocupaciones de la CEPAL en torno al ámbito personal y familiar de la migración se extienden también al aspecto social. El trasfondo de la migración centroamericana está en la insuficiencia del desarrollo de las fuerzas productivas, en su corolario de falta de oportunidades y la notoria ausencia de equidad social. Los países centroamericanos expulsores de mano de obra -El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua- registran los mayores índices de pobreza del hemisferio occidental en las áreas rurales, con casi 80% de las familias en esta situación; además, parece que recientemente este hecho se ha venido extendiendo a las áreas urbanas. En este contexto, es alta la probabilidad de que uno o más miembros de las familias con mayor capital humano y financiero opten por una estrategia migratoria como medio de procurarse ingresos superiores en el exterior -sobre todo en los Estados Unidos, si bien esto también se aprecia entre los nicaragüenses en Costa Rica- con la intención de insertarse económicamente, sobrellevar su mantención, ahorrar y finalmente enviar una parte de sus ingresos a la familia que dejaron atrás. Esta es una de las expresiones tradicionales de las remesas: su orientación hacia las familias para hacer frente a su subsistencia y, eventualmente, al ahorro e inversión productiva.

 

Con lo menguados que pueden ser los recursos que los emigrados logran ahorrar y enviar - 100 ó 200 dólares al mes- es posible que representen una fuente de recursos de gran valor, ya sea para ofrecer una pensión a los más ancianos -dados los deficientes sistemas de seguridad social que prevalecen en Centroamérica- o para costear los estudios de sus hijos, en particular en los niveles de enseñanza superior.

 

En la mayoría de los casos, dichos recursos pueden permitir que, en términos de nutrición, una familia pase de una situación de infraconsumo a otra de consumo medianamente aceptable. Menos frecuente es el caso de aquellas que logran ahorrar para afrontar cualquier eventualidad futura o invertir productivamente para generarse una fuente de ingreso, como una microempresa o la adquisición de tierras de labranza.

 

Pero las remesas, adecuadamente canalizadas, pueden contribuir a crear fondos de interés social que se inviertan en la ejecución de obras públicas básicas en las comunidades, en especial si se tiene presente que los gobiernos no cuentan con los recursos suficientes para solventar las necesidades en ese plano, sobre todo en años de programas de ajuste con acentuadas caídas del gasto social.

 

3. El proyecto sobre remesas en Centroamérica de fines de los años ochenta

 

Teniendo en cuenta algunos antecedentes sobre el uso de las remesas, la CEPAL no ahondó en las decisiones de quienes migran ni de las familias que las reciben. Más allá de estas limitaciones, se procuró generar antecedentes para tener una apreciación de la importancia de las remesas en Centroamérica y posibilitar así el establecimiento de algunas orientaciones básicas para su mejor aprovechamiento.

 

A fines de los años ochenta, la CEPAL inició el Proyecto Remesas y Economía Familiar en Centroamérica. Su primera fase se circunscribió a los tres países de la región con mayor magnitud de migrantes y de remesas: El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Diez años después, al iniciarse la segunda fase, se agregó a Honduras, hecho justificado por la intensidad de su dinámica migratoria.

 

El propósito de la primera fase fue, resumidamente, realizar una estimación de la importancia de las remesas tanto en los principales agregados macroeconómicos como a nivel de la economía de las familias que las reciben. No es necesario insistir en las enormes dificultades de orden estadístico que ambos propósitos entrañan, por la naturaleza frecuentemente "subterránea" de la migración -una gran parte de la cual está formada por "indocumentados"- y de sus remesas que, en una proporción indeterminada, se envían por conductos informales, entre ellos los llamados "muleros". Dado el tamaño de las poblaciones migrantes, las transferencias involucradas suponían una magnitud apreciable Así, el documento final, que resume los trabajos desarrollados,3 señala que en 1989 se estimaba que los inrnigrantes salvadoreños en los Estados Unidos ascendían a 690 mil, seguidos de los guatemaltecos, con 500 mil y de los nicaragüenses, con cerca de 255 mil. 4 En El Salvador las remesas se acercaban a 800 millones de dólares, en Guatemala a 250 millones y en Nicaragua a 60 millones, montos que representaban el 15%, el 2.9% y el 2.4% de sus PIB respectivos, y el 97%, 16% y 17% de las exportaciones totales de bienes. Estos datos, si bien imperfectos y aproximados, resultaron reveladores y sirvieron para que los actores sociales -gobiernos, sector privado (principalmente bancos y couriers) y organizaciones de la sociedad civil-cobraran una mayor conciencia de la magnitud y sobre todo del potencial de estos recursos que, por lo menos en el caso de El Salvador, superaban al principal renglón de exportaciones -el café- y contribuían a que muchas familias obtuvieran ingresos por dicha modalidad.

 

          Las encuestas nacionales específicas levantadas permitieron obtener un panorama aproximado del destino que, en general, las familias receptoras daban a las remesas. En los tres países la distribución de estos recursos era muy similar; como era de esperarse, el consumo de alimentos era mayoritario, oscilando entre un 82% y un 85% del total. Los gastos en educación y salud variaban entre el 4% y el 8 %, con un remanente de inversión, que incluía el mejoramiento en la vivienda y el establecimiento de un negocio o taller; ese remanente variaba entre el 5% y el 6% del total.

Los estudios estimaron que, en promedio, los recursos recibidos mensualmente del exterior fluctuaban entre casi 70 dólares por hogar en Nicaragua y 120 en Guatemala.

 

3        Véase CEPAL, Remesas y economía familiar,- en El Salvador, Guatemala y Nicaragua, LC/MEX/L.154/Rev.1, 5 de agosto de 1993.

4        Cabe señalar que, de acuerdo a los datos del censo norteamericano de 1990, los salvadoreños registrados en los Estados Unidos fueron 465 mil; los guatemaltecos 226 mil y los nicaragúenses 169 mil (véase CEPAL/OIM, 1999).

 

 

     Sin duda, esto sustentaba la hipótesis de que las familias vinculadas a los emigrantes alcanzaban mejores niveles de vida que las que carecen de estos fondos suplementarios

Tal situación sería indicativa de la lógica involucrada en la estrategia de muchos migrantes, esto es, un arreglo forjado en un contexto más bien de carácter familiar y no individual. Consecuentemente, si bien las remesas constituyen un elemento que pudiera ser eficaz en el alivio de situaciones de pobreza, crean una escisión entre el conjunto de los hogares pobres de los países, puesto que contribuyen a situar en mayor grado de desventaja social a aquellas familias que tienen más obstáculos para emigrar.

 

El tema del papel de las mujeres en la administración de las remesas fue ampliamente estudiado, pues se comprobó que muchos hogares quedaban liderados por ellas y se veían enfrentadas a manejar el presupuesto familiar, lo que realizaban de una manera más eficiente que los hombres, dando mayor énfasis a la educación y salud de los hijos. Esta situación se ha visto afectada en los últimos diez años, ya que las mujeres comenzaron a participar más activamente en la emigración y dejaron de ser sólo las principales receptoras y administradoras de las remesas; este hecho es particularmente notorio en Honduras y Nicaragua.

 

Otro tema que suscitó interés fue el de los canales de envío de las remesas. Las instituciones bancarias y agencias especializadas en estos envíos (couriers) se interesaron en realizarlos a cambio de una comisión. Ante las repetidas pérdidas sufridas en el correo los emigrantes han acudido a estas instituciones y, por ello, a fines de los años ochenta, preferían pagar un promedio de 11 % de comisión. La detección de estos abusos y la competencia entre agencias han hecho descender sustancialmente tal costo, favoreciendo, de paso, el mayor empleo de los conductos formales para las transferencias.

 

Un aspecto que llamó la atención fue el del uso productivo de las remesas. Si bien las encuestas señalan lo exiguo del componente dedicado al ahorro y a la inversión (más aun, si se excluyen las mejoras habitacionales), se consideró que había un remanente susceptible de invertirse productivamente, generando ingresos y empleo, siempre y cuando existiese un medio propicio para inducirlo.

 

4. La segunda fase del proyecto

 

Al concluir la primera fase del proyecto, en el umbral de los años noventa, se compartía la percepción de que las distintas modalidades de autoempleo y las microempresas constituían una

forma potencialmente efectiva de aliviar, aunque de manera parcial, las condiciones de pobreza de muchas familias en desventajosas condiciones de vida en las naciones de Centroamérica. Por ello, en el tema de las remesas, quedó abierta la inquietud de explorar su uso productivo mediante la ejecución de la segunda fase del Proyecto Remesas y Economía Familiar en Centroamérica, que se inició en 1998.

 

Durante los diez anos transcurridos desde el comienzo de la primera fase se acumuló un mayor conocimiento sobre la migración internacional y una de sus dimensiones visibles, las remesas. La estabilidad sociopolítica era un hecho consolidado y, sin embargo, la emigración a los Estados Unidos no se había detenido, aunque parecía mostrar menor írnpetu que en el pasado reciente. El hecho es que se comprobaba que las economías nacionales, en particular la de El Salvador, estaban fuertemente influenciadas por los flujos de remesas -especialmente por su influencia en el tipo de cambio y la tasa de interés- y los mercados financieros se habían liberalizado. El endurecimiento de las políticas migratorias y el mayor control en los pasos fronterizos de los Estados Unidos hicieron que los propios inmigrantes robustecieran sus organizaciones, principalmente para la defensa de los derechos humanos y, dentro de ellos, los laborales, lo que representaba una condición más propicia para generar recursos y enviarlos a las comunidades y familias de origen.

 

Cuando la CEPAL retomó el tema de las remesas desde el punto de vista de su uso productivo, surgieron dos nuevos asuntos. Como se mencionó, el primero fue que Honduras constituía un país cuyos flujos de emigrantes y montos de remesas obligaban a considerarlo en los estudios. El segundo, relacionado con la creciente importancia de las organizaciones de los inmigrantes centroamericanos en los Estados Unidos, llevó a legitimar el traslado del enfoque del estudio de las familias receptoras (como se había hecho en la primera fase) al de la situación de quienes las generan y las envían, esto es, los emigrantes. Ello seguía la hipótesis de que el potencial productivo de las inversiones que realizan las familias receptoras no parecía tan grande, contrastado con el de las llamadas remesas colectivas o comunitarias, constituidas por el dinero que recaudan las asociaciones de inmigrantes en los Estados Unidos para fines sociales, religiosos, humanitarios o cívicos en sus comunidades de origen, y, también, para fomentar las relaciones productivas y comerciales entre ambas comunidades.

 

Así, y en el contexto de las actividades de la segunda fase del Proyecto, se visitaron los cuatro países centroamericanos con el fin de examinar la conciencia existente acerca de la importancia de las remesas y la situación institucional involucrada. También se identificaron las cinco ciudades de los Estados Unidos con mayor concentración de emigrantes: Los Ángeles, Miami, Nueva York, Washington y Nueva Orleans.

 

Se estableció que los montos de remesas enviadas se incrementaron durante el decenio de 1990. Las cifras oficiales estimadas para 1996 (el estudio preliminar se realizó a principios de 1998) mostraban que los montos se acercaban a 1 100 millones de dólares en El Salvador, a 363 millones en Guatemala, en Honduras a 128 millones y a 95 millones en Nicaragua. Estas cifras equivalían al 16% del PIB de El Salvador, al 3% en Guatemala y Honduras, y al 5% en Nicaragua. En términos de exportaciones, los coeficientes se elevaban al 60%, el 16%, el 8% y el 14%, respectivamente. Cabe señalar que las evaluaciones realizadas a lo largo del desarrollo del Proyecto indican que tales magnitudes parecen estar subestimadas.

 

Entre las conclusiones de la investigación preliminar -llevada a cabo por el consultor regional- 5  se señala que "no ha habido un avance claro con respecto a la situación descrita hace ocho años en el informe de la primera fase del proyecto. Las remesas se siguen dedicando en su mayoría al consumo, principalmente de alimentos, y sólo una pequeña parte se destina al ahorro o a inversiones, entre las que destacan las de vivienda y compra de terrenos. Como resultado de la liberalización de los sistemas cambiarios de los diversos países, las remesas fluyen ahora a los circuitos financieros normales, pero no han tenido un impacto importante en el aumento del ahorro bancario". También se indicaba que los mecanismos para fomentar el uso productivo de las remesas han tenido poca aceptación y resultados limitados, y que las cuentas de ahorros en dólares no han

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5 Véase, CEPAL, Uso productivo de las remesas en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragüa, LC/MEX/R.662, 2 de septiembre de 1998. Documento elaborado por el consultor Federico Torres Arroyo.

 

tenido el atractivo suficiente para captar ahorros de exterior.

En cambio, se recomendó a los cuatro consultores nacionales encargados de los estudio. respectivos que exploraran precisamente la potenciación del uso productivo de las remesa colectivas. "El caso típico, hasta ahora, ha sido el de una agrupación local o un líder local que promueve un proyecto de desarrollo comunitario en una agrupación de paisanos residentes en los Estados Unidos, que están dispuestos a financiarlo para apoyar y solidarizarse con su localidad o zona de origen". Más adelante, se señala que "las remesas colectivas sor importantes no tanto por su monto actual sino porque conforman un recurso de calidad. En primer lugar, materializan un lazo espontáneo y solidario entre agrupaciones de la sociedad civil, en segundo lugar, a diferencia de las remesas familiares, son flujos que se destinan fundamentalmente a inversión; por último pueden responder mejor que otras fuentes a modalidades de financiamiento especiales".

 

En general, este cambio de enfoque para abordar el tema del uso productivo de las remesas ha sido bien acogido por distintos académicos y especialistas, pues responde a la tendencia internacional de convertir a los emigrantes en verdaderos actores sociales en sus países de origen. En realidad, además de las estrecheces que enfrentan las familias receptoras para ahorrar una parte de las remesas que reciben, suelen carecer de iniciativa y capacidad empresarial y, en la mayoría de los casos, de un entorno institucional favorable.

 

          Con este marco como punto de partida se efectuaron los cuatro estudios nacionales, cuya versión preliminar sirvió de base para la realización de los seminarios respectivos durante el mes de junio y principios de julio de 1999. 6 Pese a referirse todos a este objetivo común, se apreció la

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6  Los documentos preliminares son CEPAL, El Salvador: Uso productivo de las remesas, LC/MEX/R.706 (SEM.95.2), 25 de mayo de 1999, elaborado por el consultor Salvador Cortés; CEPAL, Remesas colectivas en Guatemala:Vínculos de solidaridad entre emigrantes y comunidades de origen, LC/MEX/720 (SEM.98/2), 22 de junio de 1999, elaborado por la consultora Herlinda Maribel Carrera; CEPAL, Impacto socioeconómico de las remesas: Perspectiva global para una orientación productiva de las remesas en Honduras, LC/ MEX/R.705 (SEM.9512), 25 de mayo de 1999, elaborado por el consultor Rodulio Perdomo, y CEPAL, Nicaragua: Uso productivo de las remesas familiares, LC/MEX/R.7 18 (SEM.97/2), 22 de junio de 1999, elaborado por la consultora Diana Pritchard.

 

 

especificidad de cada país en los documentos. Como un esfuerzo de síntesis adicional, y para derivar conclusiones comunes para la región y líneas de recomendaciones para acciones a futuro, se espera concluir con los trabajos de este proyecto a comienzos de octubre, con la discusión del documento regional preparado a partir de estas cuatro experiencias nacionales.

 

5.     Dificultades para estimar el monto de las remesas

 

Un aspecto crucial de la segunda fase del Proyecto fue la actualización y revisión de las estimaciones de los montos totales de las remesas. Como se ha reiterado, resulta imposible realizar una aproximación exacta de las magnitudes de estos recursos, debido a varios factores. En primer lugar, está el hecho de que no se llevan registros de estas transferencias en los países centroamericanos; además, muchas de ellas se realizan por conductos informales. En segundo lugar, si bien las transacciones bancarias realizadas en los Estados Unidos son registradas, no es posible conocerlas; tampoco se dispone de registros de los canales informales. En tercer lugar, tanto los sistemas de cuentas nacionales -en particular los registros de balance de pagos- como las encuestas de ingresos y gastos de los hogares -algunas ya incluyen la indagación sobre las remesas- son fuentes de información muy valiosas, pero sus resultados presentan frecuentes discrepancias.

 

En todo caso, algunas estimaciones extraoficiales apuntan hacia un ingreso de remesas en Centroamérica cercano a los 3 000 millones de dólares anuales. En términos per cápita, estos recursos son muy superiores a los 6 000 millones que se estima que recibe México.

 

En El Salvador se estima, para el año 1998, una cifra cercana a 1 350 millones de dólares; en Guatemala, 800 millones; en Honduras, apenas unos 350 millones y en Nicaragua, de acuerdo con los resultados de una pequeña muestra, podrían llegar a 500 millones de dólares, sin contar las remesas en especie procedentes tanto de Estados Unidos como de Costa Rica. En particular, las estimaciones correspondientes a Guatemala y Nicaragua distan mucho de las que se manejan oficialmente.

 

 

En una perspectiva futura, cabe destacar que existen condiciones para sostener que las remesas continuarán aumentando y, en consecuencia, su importancia se verá acentuada. Esta hipótesis se fundamenta esencialmente en que la emigración hacia los Estados Unidos seguirá presentándose en el mediano plazo, a raíz de la gran demanda de mano de obra en los mercados laborales de ese país y a pesar del efecto atenuante que pudieran generar tanto la estabilidad sociopolítica y la recuperación económica en los países centroamericanos como las tendencias a la reagrupación familiar en dicha nación y que parecen mostrar gran ímpetu. Ante tal escenario, la preocupación por las remesas cobra particular interés.

 

6.     Las remesas familiares: las familias receptoras

 

Las grandes magnitudes de divisas involucradas en las remesas en Centroamérica las convierten en un asunto de indudable significación. Esto es particularmente palpable en El Salvador, donde la economía y la sociedad tienen una fuerte relación con las remesas de los emigrantes. Este país, a diferencia de los otros tres, cuenta con sucursales de sus bancos en las ciudades de mayor concentración de salvadoreños dentro de los Estados Unidos; además, sus recientemente creadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) incentivan a los emigrantes para que coticen voluntariamente en ellas como una forma de ahorro para su vejez. Por último, existe todo un marco gubernamental de apoyo a la vinculación de los residentes en el exterior con los nacionales, impulsado especialmente por el Ministerio de Economía mediante su Programa de Competitividad.

 

En los otros países, la presencia de sus emigrantes no es todavía de la misma magnitud y tampoco lo es la conciencia y sensibilidad de sus actores sociales, en particular los gubernamentales, frente a las remesas. No obstante, en Honduras, donde el impulso migratorio es menos vigoroso, se propuso crear una fundación o comisión del migrante, con participación pública y privada, para atender los múltiples aspectos -políticos, migratorios, comerciales, financieros, productivos- vinculados con la situación de los hondureños en el exterior. La experiencia pudiera servir de ejemplo para Guatemala y Nicaragua.

 

 

Las decisiones de los migrantes y sus familiares en cuanto al uso de las remesas han sido cuestionadas en ocasiones por la actitud rentista de muchos de los receptores. Esto sucede cuando el emigrante envía su dinero a sus padres, ya ancianos y con reducidos ingresos, con lo que las posibilidades de inversión se restringen. Otro cuestionamiento ha sido el uso perverso que traen consigo las remesas cuando ellas involucran la importación de bienes superfluos -en particular electrodomésticos- que pudieran entenderse como una forma de adaptación a las aspiraciones de consumo.

 

Pero los antecedentes conocidos muestran que son muchos más los aspectos benéficos de estos recursos; como ya se apuntó, permiten que muchas familias receptoras alcancen un mínimo en su dieta alimenticia diaria. Con frecuencia se comprueba que estos recursos externos quedan en manos de mujeres que los distribuyen más eficientemente, en especial a favor de los niños. Además, las remesas ayudan a hacer frente a las condiciones de pobreza de las familias que las reciben, si bien este hecho concierne a una escala individual y familiar.

 

Otro uso, por cierto creciente dentro de la estructura de destinación de las remesas, es el dirigido a los servicios de salud y educación. Para muchos se trata de inversión en capital humano y como tal debe considerarse un uso productivo de las remesas. Más aún, en los cuatro estudios nacionales se recomendó orientar montos y proporciones crecientes de los recursos que envían los emigrantes a la educación y capacitación, que son sectores estratégicos para el desarrollo. Las acciones en la educación entrañarían, entre muchos otros aspectos y más allá de sus orientaciones para la población residente, la implementación de programas bilingües para preparar mejor a los potenciales emigrantes y de entrenamiento para otorgarles una calificación que les permita una mejor inserción en los mercados laborales.

 

Por su efecto multiplicador, los programas de construcción de viviendas –insuficientes y a veces inexistentes en los países- constituyen otro sector privilegiado. La vivienda, de hecho, ocupa un lugar prioritario entre las aspiraciones del emigrante (al pensar en su retorno) y de su familia. Es probable que las remesas familiares no basten para sufragar la compra o adquisición de una casa, pero su uso conjunto permitiría potenciar programas y líneas de crédito habitacional.

En fin, a nivel familiar, queda el desafío de robustecer los programas para satisfacer el propósito inicial del Proyecto, que es propiciar el uso productivo de las remesas familiares. Este uso se refiere, en rigor, a la inversión en actividades que generen empleo e ingresos. Dentro de ellas, destaca la compra de tierras con fines productivos, acción que está presente en la lógica de quienes pretenden retornar. También se puede mencionar la iniciativa de instalar un negocio, lo que depende de la estructura de la familia del emigrante y de sus propias aptitudes en este plano. En cualquiera de los casos, cuando se trata de familias receptoras desintegradas por la migración -puesto que el miembro más apto y emprendedor es el que emigra- deben considerarse las limitaciones que se establecen para que los restantes componentes del hogar adopten iniciativas como las identificadas. En tal sentido, es evidente la necesidad de respaldo y orientación.

 

Independientemente de la recepción o no de recursos del exterior, existen programas de apoyo a microempresarios en la mayoría de estos países, pero su alcance es limitado, pues no se han propiciado los necesarios encadenamientos productivos. En realidad, una gran parte de las microempresas que se crean espontáneamente siguen una lógica de subsistencia y no de acumulación, son informales, predominantemente de tipo comercial y, en un alto grado, sucumben al poco tiempo de instaladas. Frente a esta situación, el estímulo que pudieran significar las remesas para la formación de microempresas encuentra obstáculos que las familias no están en condiciones de superar por sí solas.

 

7. Las remesas colectivas: los emigrantes.

 

De modo generalizado se reconoce la importancia y el potencial de las acciones colectivas que entrañan las remesas. Si, como parecen indicar algunas simples evidencias, los trabajadores centroamericanos en los Estados Unidos adquieren un ingreso y capacidad de ahorro superiores al de sus pares de los países de origen, es indudable que existen condiciones para que se conviertan en actores sociales protagonistas en sus comunidades de origen y destino. Las asociaciones que han creado, más allá de la defensa de los derechos humanos y de la atención de los problemas que se suscitan en su interacción con la sociedad que los alberga, han tenido funciones importantes en la orientación de las remesas, vinculándose de modo directo con las comunidades de origen. Esto se pone de manifiesto en la preocupación por financiar obras públicas, fiestas patronales de las comunidades, reconstrucción de iglesias, mejoramiento de áreas verdes y recreación, reparación de recintos de salud y de escuelas, equipamiento de bibliotecas, entre otras.

 

No fue posible precisar el monto a que ascienden estas remesas colectivas o comunitarias. Lo que sí se sabe es que conforman una parte muy minoritaria del total de remesas anuales -probablemente ni siquiera lleguen al 1 %-, pues las estimaciones gruesas disponibles indican que equivalen a unos 35 millones de dólares anuales, distribuidos entre los cuatro países. De cualquier forma, este monto es de una cuantía apreciable y duplicaría los recursos por concepto de programas de cooperación internacional que reciben estas naciones en conjunto.

 

Aprovechar de la mejor manera los recursos provenientes de las remesas colectivas es un verdadero desafío para los distintos actores sociales involucrados, y en particular para los gobiernos, tanto en sus niveles centrales como en escalas locales. Se reconoce que la orientación de estas remesas, cuando una alta proporción se destina a obras sociales y de infraestructura básica, ha liberado en cierta medida a los gobiernos locales -siempre escasos de fondos- de su responsabilidad en estas obras y, por extensión, permite desviar recursos hacia otros rubros. Un problema, en todo caso, es el riesgo de que los gobiernos asuman una actitud pasiva y descomprometida frente a estos hechos.

 

Si bien los estudios de la CEPAL no contemplan la posibilidad de intervenir en las decisiones de los migrantes y sus familias en el manejo de sus remesas, sí se reconoce ampliamente la necesidad de contar con el respaldo institucional de un Estado facilitador, que promueva el desencadenamiento del potencial de estos cuantiosos fondos. El Salvador, sin duda, es el país que más ha instrumentado políticas en este sentido. Como ya se mencionó, cuenta con sucursales bancarias en los Estados Unidos y se propone, además, movilizar el ahorro de los migrantes por medio de otros mecanismos financieros, como uniones de crédito y administradoras de fondos de pensiones. El gobierno también promueve relaciones comerciales, económicas y culturales entre las comunidades, pues considera sumamente importante mantener vivos los lazos con la diáspora salvadoreña.

 

 

Existe consenso en que una línea de acción muy promisoria es el fortalecimiento de los lazos entre las asociaciones de los migrantes y las comunidades de sus países de origen. El apoyo institucional en las comunicaciones es un aspecto imprescindible. El teléfono, el fax y el uso de Internet, que ahora promueven los salvadoreños con sus infocentros, constituyen medios importantes de vinculación. Se sabe que los miembros de esas asociaciones viven dispersos en las grandes ciudades norteamericanas y que sus largas jornadas de trabajo les impiden reunirse; entonces, estos medios resultan potencialmente funcionales para el relacionamiento tanto entre los migrantes como con su país. En el otro lado la situación es distinta, pues en Centroamérica las comunidades carecen frecuentemente de estos medios; además, destaca la ausencia de poderes locales que respalden a sus líderes.

 

Entre las asociaciones de migrantes y las comunidades de origen existe un espacio que es posible conquistar mediante el robustecimiento de las organizaciones y el estímulo a la comunicación. Este es un esfuerzo fundamental para aprovechar adecuadamente las remesas en beneficio de los países centroamericanos. Una veta complementaria para la transferencia de recursos consiste en el desarrollo del comercio entre las asociaciones de migrantes y las comunidades de origen. En particular, los llamados productos "nostálgicos" tienen una gran aceptación entre las comunidades de centroamericanos residentes en los Estados Unidos. Es el caso de productos alimenticios y artesanías en general, que pueden constituir esta doble vía que se ha recomendado a partir de las remesas. La falta de un nexo sólido entre ambos extremos del espectro puede ocasionar que el potencial de ahorro y de inversión de las comunidades de centroamericanos en los Estados Unidos quede en este país.

 

Conclusiones

 

La experiencia obtenida con los estudios sobre remesas llevados a cabo por la CEPAL en Centroamérica ha sido sumamente importante (como lo revelan las discusiones realizadas con sus resultados), esclarecedora (por la posibilidad de contar con un acercamiento al conocimiento de su utilización en las comunidades de origen) y sugerente (en virtud de las estimaciones sobre el monto de las transferencias, las modalidades de su generación y las potencialidades de sus efectos). También ha sido valiosa al permitir advertir las dificultades existentes para reunir información fidedigna sobre el uso y real cuantía de las remesas. El Proyecto vigente concluirá en octubre de 1999 con un seminario regional al que se presentarán cinco documentos -cuatro nacionales y uno regional- más los informes de los seminarios respectivos, con sus conclusiones y recomendaciones.

 

Lo expuesto anteriormente adquiere plena validez en la medida en que el fenómeno de la migración internacional en Centroamérica y una de sus expresiones -las remesas-continuará manifestándose, con la consiguiente demanda de acciones futuras. Por lo pronto, se ha recibido el valioso ofrecimiento del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) para financiar proyectos productivos viables avalados con remesas. Más incluso, esta institución ofrece su colaboración en la asesoría y orientación para formular los proyectos. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también expresó su interés en este 'mismo sentido, y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) -en sus representaciones de El Salvador y de Nicaragua- está sumamente sensibilizado acerca de la trascendencia de este vasto tema.

 

Aun cuando la segunda fase del Proyecto no termina, se puede señalar de manera preliminar un conjunto de orientaciones básicas para tener en cuenta al momento de abordar la adecuada canalización de las remesas, objetivo de la mayor relevancia a la luz de las consideraciones presentadas. En primer lugar, resulta indudable que el uso productivo de estos recursos -actualmente secundario, según se ha observado- requiere de una institucionalidad de apoyo, que estimule la formación y operación de microempresas y que rompa su fuerte componente de espontaneidad y su lógica de subsistencia. Es oportuno indicar que si bien la mayor proporción de los recursos recibidos se destina al consumo, no deben descartarse los efectos multiplicadores de las remesas al afectar la demanda de bienes producidos a nivel local o nacional.

 

En segundo lugar, y pese a que es difícil proponer medidas concretas -que dependerán de un diagnóstico riguroso de la situación prevaleciente en cada país y en cada comunidad-, es necesario abordar algunos de los efectos no deseados que se derivan de la recepción de las remesas. Entre ellos tal vez los más importantes sean: la eventual pasividad de los gobiernos locales frente a la utilización de los recursos en inversiones sociales, la posible acentuación de desigualdades intracomunitarias -que se reflejaría en una mayor y más visible vulnerabilidad de las familias desvinculadas de la estrategia migratoria- y la relación de dependencia frente a una fuente externa de recursos que está expuesta a fluctuaciones y reveses. Frente a tales consecuencias, es dable aprovechar la oportunidad de construir un escenario institucional más adecuado para la formulación de políticas sociales y la focalización de las acciones hacia las familias menos favorecidas.

 

 

En tercer lugar, y considerando la orientación deliberada que se proponen en su generación y utilización -así como el carácter vinculante entre los emigrantes y sus comunidades de origen-, las remesas colectivas constituyen un potencial de recursos que requiere un apoyo formal a los grupos organizados de migrantes en los Estados Unidos y una mayor intervención de los gobiernos locales para motivar su mejor utilización. Si bien los montos de este tipo de transferencias no son porcentualmente importantes, su cuantía absoluta sugiere la necesidad de una abierta promoción para su orientación social.

 

En suma, las remesas configuran una dimensión importante de las interrelaciones de la migración internacional y los procesos de desarrollo. Esto es realzado por sus efectos a microescala, que pueden ser impulsados deliberadamente mediante el apoyo institucional a los diversos actores involucrados. Tal conclusión no debe entenderse como una alternativa a las políticas generales que los países deben poner en práctica para lograr un desarrollo sostenido, sustentable y con equidad social. En una perspectiva de largo plazo -y no obstante el alivio transitorio que las remesas brindan a las situaciones de infraconsumo y, en general, de pobreza-, el desarrollo y el bienestar de la población de los países de Centroamérica necesita un conjunto de factores que estimulen la elevación del capital humano, el crecimiento económico, la disminución de las fuertes desigualdades sociales y la estabilidad sociopolítica. Aun así, a corto plazo, el aprovechamiento de las sinergias positivas de las remesas -tanto para potenciar el ahorro y la inversión como para concentrar los recursos en grupos objetivo claramente definidos- puede contribuir a paliar algunas de las dificultades que enfrentan las naciones centroamericanas como consecuencia de sus insuficiencias productivas y fuertes desigualdades sociales, factores que están en la base de las actuales tendencias de la emigración hacia el exterior.